I HOPE ALICE COOPER DOESN’T
BECOME A VEGETARIAN

Antonio Ortega



Friki.

Neologismo del español que proviene de la palabra inglesa free kick. Se usa en fútbol para designar aquellas faltas al borde del área en las que se puede marcar gol sin necesidad de que el balón sea tocado por otro jugador diferente a aquel que saca la falta.

Friki.

Neologismo del español que proviene de la palabra inglesa freaky.

Si en el caso anterior las dos palabras significaban el mismo concepto, en este caso la voz española friki conlleva un desplazamiento de sentido respecto del original inglés; así, la definición, con la ayuda de Wikipedia: Friki es un término usado en el idioma español para referirse a la persona obsesionada al menos con un tema, afición, o hobby en concreto. El interés que presenta el friki, puede llegar en varios casos a que sea tachado de extravagante, o llevarle a formar parte de una comunidad específica.

Al friki normalmente se le asocia un carácter introvertido, se observa una discapacidad de interactuar con personas ajenas a su afición y, en ocasiones, pueden ser identificados por el uso de una indumentaria no convencional.

El cine americano de los 80 nos presentó a unos tipos (espejo seguramente de los propios productores) con una alta inteligencia cognitiva y una escasa inteligencia social.

Foco para las burlas, por la dificultad en el trato con los demás, por el desconocimiento de los códigos de relación y por tener aficiones raras a las que se dedicaban de manera obsesiva.

El nerd de los 80 es el friki actual, el cual ha explotado los nuevos modos de comunicación para superar las carencias de sociabilidad.

Hay distintos niveles de “frikismo”, siendo el más extremo el de convertir una afición en una forma de vida.

Normalmente se relaciona al friki, con la informática, los cómics, las películas y series de ciencia ficción, fantasía, manga, anime o rol. El término friki puede extenderse a cualquier afición desmesurada, pero podríamos convenir que la épica es un lugar común. Épica que se revela en ocasiones vinculada a la exaltación de lo medievalista; aquel espacio imaginario donde confluyen lo mágico y lo legendario.

Algunos autores contemporáneos se han aproximado a la épica desarrollando, como sujeto de su creación, la encarnación de la potencia en cualquiera de sus posibilidades: el súper hombre, el súper macho, el súper reto, el vengador, el monstruo o el demonio.

En las ya mencionadas películas de nerds era ineludible la escena en que los antiguos alumnos se reúnen veinte años después de haberse graduado. En esa escena se ponía de manifiesto el fracaso profesional de los jugadores del equipo de fútbol americano y la constatación de que los nerds habían copado las estructuras de poder y, por lo tanto, la capacidad de gastar.

Así, mientras que la cultura del entretenimiento había sido sustentada básicamente por los adolescentes, nos encontramos que ha aparecido un nuevo grupo social con alto poder adquisitivo y con afán coleccionista y mitómano.

La estructura de producción cultural y de entretenimiento que se fundamentaba en el mercado adolescente se ha encontrado con una nueva fuerza de consumo: el mercado friki. Un mercado económicamente potente y consumista. Un nuevo consumidor cultural ha emergido con fuerza.

Alice Cooper influenció a todos los adolescentes con una especial atracción por lo oscuro, lo demoníaco y lo grotesco. Su mundo gótico, sinónimo de rebeldía, dirigido al público adolescente se ha tornado en nostalgia y épica.

Permítanme una pequeña disquisición de El mundo según Antonio Ortega:

Según entiendo, la revisión cíclica de las tendencias en la moda responde al tiempo necesario para que un adolescente alcance los lugares de decisión, de imposición de criterio. De esta manera, una vez en sus treintas, y mirando con nostalgia su adolescencia, el creativo recuperará aquellos elementos de su cotidianidad quinceañera, de modo que las nuevas tendencias de moda siempre tienen un referente de veinte años atrás, así en los ochenta se recuperaron los sesenta, en los noventa los setenta, en el dos mil los ochenta, y así.

De este modo son muchos quienes vuelven nostálgicamente la mirada a las bandas de rock duro que habían conformado el decorado de su adolescencia. Algunos de ellos son los que llenan los estadios donde Alice realiza sus conciertos, altamente teatralizados para mayor deleite de sus nuevos -quizás los de siempre- seguidores.

Si, según mi punto de vista, el nerd era el elemento germinal del friki, me parece detectar, dentro del contexto español, una imagen que encarna la irrefrenable manifestación de las pulsiones. Ese personaje, raíz del frikismo más obsesivo, es el espontáneo. El espontáneo es una figura pegada al arte de la tauromaquia. El espontáneo tiene más afición que dotes.

El espontáneo se lanza a la plaza de toros, en ocasiones sin más defensa que su propia chaqueta, para participar activamente del toreo arriesgando su vida y arruinando el espectáculo. O bien ofreciendo uno diferente. El espontáneo irrumpe en escena y se atreve a realizar algo sobre lo que tiene poca o ninguna destreza. Su exhibición acostumbra a producir vergüenza ajena.

Existe, en los pequeños pueblos del interior de España, una fiesta para gloria y protagonismo del espontáneo: “La corrida de vaquillas”. Consiste en una plaza de toros provisional (normalmente realizada con troncos, remolques de tractores, antiguas cosechadoras etc.) donde se reúne todo el pueblo en busca de un espectáculo patético y primario. Unas reses de lidia de alrededor de dos años son toreadas por todos aquellos que quieran intentarlo, hay momentos de invasión multitudinaria y otros en los que se le concede un más alto estatus al espontáneo local y se le permite unos segundos de lucimiento personal, respetándole el tiempo suficiente para hilar unos breves pases. Otros saltan a cuerpo descubierto, recortando al animal o bien intentándo frenarlo, bien sea sujetando su testuz o su cola. Es más heroica la primera opción pero más divertida la segunda. La vaquilla, exhausta, es retirada y matada en silencio a pocos metros de la plaza.

El matarife cortará el cuello de la res que, todavía en estado de excitación, bombeará al aire la sangre, pudiendo de este modo ser consumida su carne al día siguiente.

En el que es cocinada y compartida por todos los vecinos del pueblo en una calderetada popular. Un picnic fraternal.

Si tienen previsto visitar España, por favor, ¡no abandonen la costa!




En España corría la leyenda urbana de que Alice Cooper había descabezado, con ayuda de sus dientes, un pollo en el escenario. El mito del salvaje y la magia negra vinculada a su figura había comenzado. Lo oscuro y lo gótico atraían al adolescente que quería sentir su diferencia desde la conspiración de las circunstancias que le rodeaban; la admiración era sincera.

Cuentan que al día siguiente de haber sido recogido por la prensa el incidente de la gallina, Zappa telefoneó a Alice preguntándole si era cierto que había arrancado la cabeza de la gallina a bocados y bebido su sangre en el escenario. Antes de que Alice respondiera, Zappa le dijo: “sea lo que fuere lo que hiciste, no digas nunca que no lo hiciste”.

Personalmente, mi experiencia con las gallinas es muy humilde. Yo tenía ganas de comer el primer huevo que una gallina pusiera. Debía asegurarme de que efectivamente lo fuera, así que compré un polluelo de gallina de apenas una semana y lo crié en casa: un quinto piso de cincuenta metros cuadrados, compartido por mi esposa, mi gallina y yo mismo.

Dicen que comerse el primer huevo puesto por una gallina no es algo de lo que todo el mundo pueda presumir. La necesidad de calcio de la gallina joven hace que ella misma coma la cáscara de sus primeros huevos; eso forzaba mi estado de atención. Así, curiosamente, nueve meses después, en la primavera de 1997, mi gallina puso un huevo que cociné y compartí con mis amigos más cercanos.

En fin, esto simplemente venía a cuento para arrogarme cierta credibilidad en mis opiniones sobre las gallinas: un animal que une la estupidez de un pez, el misterio sabio de la atención (que parece venir de esos ojos casi siempre abiertos de par en par) y la abisal profundidad de sus raíces de dinosaurio. Carne de cañón para cualquier tipo de ritual, no se trata de un acto sacrificial como sería matar un cordero o un joven e inocente ternero. Dicen que los romanos adivinaban el futuro en sus entrañas y siempre hay unas cuantas gallinas muertas en cualquier rito satánico que se precie.




No sé si aquí ocurrió, pero en los ochenta, en España, paralelamente a la eclosión de los gimnasios de musculación y la moda del culturismo, abrieron muchas carnicerías donde se despachaba exclusivamente carne equina. Las personas obsesionadas por ganar centímetros de músculo devoraban los filetes de caballo casi crudos. Parece ser que daba resultado.

Ahora, aquellos que quieren muscularse optan por otro camino: pastillas envasadas en botes gigantescos. La sensación de comer comida de perro no puede ser nada buena para su estabilidad emocional.

De este modo, mi voluntad más sincera es homenajear a Alice en una especie de re-enactment. También tengo la voluntad de convertirme yo mismo en una celebridad, reproduciendo una fórmula que se ha aplicado en el mundo de la creación de manera eficaz: copiar, pero ampliando el formato de un gesto que se ha revelado como exitoso.

De este modo, con ambición de popularidad y, por supuesto, desde un espíritu friki que valora el simbolismo del reto épico y de la voluntad de trascendencia de la aparición en lugares como el libro Guinness de los records, propongo comer un caballo. En concreto un spanish mustang. Los spanish mustang son los caballos de raza española traídos por los conquistadores, que ahora viven asilvestrados, y parece ser que prácticamente sólo se encuentran en Arizona.

Seguramente sería fácil traer hasta aquí a uno de los cocineros de mi pueblo para que lo cocinara en una caldereta. Desde aquí me gustaría pedir patrocinio y reclutar voluntarios para dar cuenta de él de una sentada.

No teman aparecer como unos incivilizados ya que también dispongo de coartada cultural para justificar el festín que sugiero:

Los templarios, unos monjes guerreros de la edad media, que se caracterizaron por combatir al infiel mientras buscaban la pureza mística y espiritual, cocinaban un huevo en el interior de un pollo que estaba en el interior de un cordero que estaba en el interior de un cerdo que estaba en el interior de una vaca y que cocinaban durante más de un día. Cuando degustaban esta pirámide animal consideraban que su condición humana henchida se hermanaba con las fuerzas de la tierra.

Así, si quieren unirse a esta celebración telúrica, estoy seguro que al comer el caballo poseeremos su potencia, su libertad y su épica.